Naciste en equilibrio, con el cuerpo y el alma caminando juntos. No llegaste incompleto ni roto; llegaste conectado. Con el tiempo, comenzaste a olvidar, no por debilidad, sino por adaptación. Te alejaste del cuerpo, de la tierra y de tu propia voz interior, y el centro empezó a perderse.
Desde hace miles de años, la medicina ancestral ha acompañado a la humanidad, no para cambiarla ni corregirla, sino para recordarle quién es. El despertar no es huir del mundo ni rechazar la vida que llevas; es volver al centro, habitar tu cuerpo con conciencia, reconectar con la tierra y permitirte sanar.
No estás solo en este proceso. Solo estás recordando el camino de regreso.



